jueves, 8 de octubre de 2015

CONOCE MAS SOBRE LOS METODOS ALTERNATIVOS DE SOLUCION DE CONFLICTOS


El acceso a la justicia no solo comprende tribunales y demás, sino otros métodos alternativos que permiten la resolución de conflictos.

Casas de Justicia

Son casas interinstitucionales de información, orientación, referencia y prestación de servicios de resolución de conflictos, donde se aplican y mecanismos de justicia formal y no formal. 

Centros de Convivencia Ciudadana

Atienden los conflictos interpersonales, familiares, civiles, penales y comunitarios, también acceso a los servicios de naturaleza psicosocial de los equipos interdisciplinarios de psicólogos, trabajadoras sociales, entre otros y la participación en programas y acciones de naturaleza social para la niñez, la juventud, las mujeres, los adultos mayores, los campesinos, los trabajadores y demás habitantes de tu comunidad y municipio.

Conciliación

La conciliación es un mecanismo alternativo de solución de conflictos por medio del cual dos o más personas (naturales o jurídicas, de carácter privado, nacionales o extranjeras) gestionan por sí mismas, de manera voluntaria y con plenos efectos jurídicos, la solución de sus conflictos con la ayuda de un tercero neutral y calificado llamado conciliador.

Conciliación en equidad

Es un mecanismo alternativo de solución de conflictos, por medio del cual dos o más personas resuelven sus controversias por intermedio de un tercero neutral llamado conciliador en equidad, quien ayudará a construir un acuerdo que a su vez tendrá plenos efectos jurídicos. 


Tomado de http://www.urnadecristal.gov.co/gestion-gobierno/metodos-alternativos-de-solucion-de-conflictos


METODOS ALTERNATIVOS PARA LA RESOLUCION DE CONFLICTOS USADOS POR VARIAS COMUNIDADES DEL PAIS

Los métodos alternativos para la resolución y la transformación de conflictos están siendo usados por varias comunidades en el país para tramitar de manera creativa y constructiva los conflictos que se presentan: desde los familiares hasta aquellos entre grandes petroleras y poblaciones.

No hay una sentencia o un fallo judicial, sino un acta de conciliación o simplemente un apretón de manos. Este puede ser el resultado de un día de trabajo de un promotor de convivencia, luego de ayudar a resolver una pelea en una familia o las disputas entre vecinos o los conflictos entre líderes de organizaciones sociales y de empresas, cuando sus diferencias han creado un clima de hostilidad. 
Para los promotores de convivencia, cada día es diferente, aunque su herramienta de trabajo es la misma: métodos alternativos de resolución de conflictos, que muchas comunidades ya están usando para evitar largos procesos judiciales.
Otras comunidades, entre tanto, avanzan en procesos de transformación de conflictos para situaciones de mayor complejidad, como las confrontaciones que surgen por el usufructo de recursos naturales, por la distribución de los recursos públicos o por la implementación de grandes proyectos de infraestructura y de generación de energía. Son procesos orientados no solo a resolver el episodio del momento, sino especialmente a transformar la relación entre las partes enfrentadas para crear nuevas condiciones en la sociedad.
En otras poblaciones, el compromiso es con la filosofía de la noviolencia. Por ello, han incorporado la solución pacífica a todas las situaciones difíciles que enfrentan, desde los desacuerdos que abundan en la vida cotidiana hasta las situaciones humanitarias producidas por los grupos armados. 
Estas son algunas experiencias para contener la violencia. ¿En qué consisten y cómo se desarrollan?

Métodos de resolución de conflictos

“Su guía no es un código legal, sino la sabiduría para generar diálogo entre partes enfrentadas”, señala Julia Isabel Eslava, directora de políticas de desarrollo, del Centro de Proyectos para el Desarrollo Cendex de la Universidad Javeriana.
Es el diálogo, entonces, la principal herramienta de los métodos alternativos de solución de conflictos, instrumentos que legalmente existen en el país, que tienen respaldo institucional y que buscan solucionar los conflictos en forma ágil y facilitar el acceso de las personas a la justicia. 
Estos mecanismos se llevan a cabo en los centros de conciliación y en los puntos de atención comunitaria, promovidos por alcaldías municipales y el sector privado. 
En los centros, la atención es ofrecida por profesionales y las diferencias se resuelven según lo establecen las normas. Y en los puntos de atención, el proceso está a cargo de los promotores de convivencia, personas que la comunidad selecciona por sus cualidades y habilidades para dirimir conflictos locales y que reciben capacitación en resolución de conflictos. Los promotores llevan a cabo procesos de mediación comunitaria y conciliación en equidad y buscan lograr acuerdos basados más en principios de solidaridad que en la aplicación del derecho.
En el desarrollo de estos mecanismos, varias son las claves en la resolución de conflictos. Una, partir de la identificación de las partes involucradas, que muchas veces no son solo dos, sino otras con influencia sobre estas. Dos, clarificar los ejes del problema, ya que muchas veces el conflicto es solamente un episodio en un ámbito que contiene divergencias más sustantivas. Tres, la neutralidad del facilitador y su habilidad para crear un ambiente de respeto y confianza desde el inicio del proceso. “El facilitador debe procurar que se genere un equilibrio de poder que permita a cada uno negociar en condiciones de igualdad con el otro y orientar la búsqueda de acuerdos hacia la solidaridad y la reparación de las relaciones rotas”, agrega Eslava. 
La propuesta es que los mecanismos alternativos de resolución de conflictos sirvan para identificar los motivos de controversia, se pongan en la agenda pública y transformen culturalmente las vivencias de la gente. 
Los 30 años de Ricardo Esquivia, director de la Asociación Sembrando Paz, con sede en Sincelejo, Sucre, en la resolución de conflictos lo llevaron a concluir que “la principal herramienta de la resolución de conflictos es el diálogo, pues a través de este uno puede modificar las situaciones”.
Este diálogo debe estar orientado a comprender las necesidades y el punto de vista del otro y a que cada una de las partes exprese con claridad sus intereses y determine cuáles de ellos son negociables y cuáles, no. 
Dado el rol que están cumpliendo los centros de conciliación y los puntos de atención comunitaria, en la actualidad se busca que trasciendan su uso como instrumentos para apaciguar las dificultades y generen reflexiones y procesos de transformación social.
Por ejemplo, la mayoría de los conflictos que atienden los promotores son casos de incumplimiento en el pago del arriendo por parte de personas desplazadas o reinsertadas, dice Eslava. “Es un problema para quien arrienda, para ellos y para otros en situación de pobreza que son solidarios obligados. Este es un problema social que va más allá de resolver el conflicto entre el arrendatario y el arrendador”.

La transformación de conflictos

Los conflictos más que problemas o situaciones excepcionales “son una dinámica normal y continua en las relaciones humanas y son motor de cambio”, ha escrito el experto Juan Pablo Lederach. “Lo que no es normal es que se resuelvan por medio de la violencia”, agrega Johan Galtung, mediador internacional.
Para ellos, los conflictos ya no deben ser considerados una expresión indeseable del comportamiento social, sino un insumo que puede aprovecharse para la transformación positiva de la sociedad. Por esta razón, según Galtung, no es suficiente un acuerdo para superar un conflicto. Si se quieren soluciones sostenibles, es preciso avanzar de manera creativa hacia lo que él llama trascendencia, con el fin de ir más allá del acuerdo y “abrir nuevos caminos de concebir esa relación social en la formación del conflicto”.
Esta transformación del conflicto se puede desarrollar con la facilitación de un tercero o fruto de procesos de construcción de sociedad, como las comunidades que practican los principios de la noviolencia.

1. Con la facilitación de un tercero 
En un proceso orientado a la transformación de conflictos, lo primero es nombrar un facilitador en el que las partes tengan confianza y credibilidad. Después, identificar con claridad esos actores clave, las influencias o presiones que reciben y sus intereses, en orden de prioridad.
La confianza es fundamental y a veces requiere crear alternativas para lograrla. Así quedó demostrado, por ejemplo, en el caso del río Guarinó, en la región oriental de Caldas, donde el uso de la gran riqueza hídrica del territorio se ha convertido en fuente de conflicto entre quienes utilizan el agua para la generación eléctrica y quienes la emplean como fuente de trabajo, de consumo y de recreación. 
La creación de confianza entre organizaciones sociales y la empresa constructora de la hidroeléctrica fue un paso difícil. El facilitador –labor asumida por el proyecto Cercapaz de la agencia de cooperación alemana gtz– convocó a “dos actores que generaran confianza entre las partes en conflicto y tuvieran capacidades de moderación social para que promovieran un diálogo no violento y la búsqueda de alternativas”, afirma Peter Hauschnik, director de Cercapaz. Así, los “actores confiables” fueron el Programa de Desarrollo para la Paz del Magdalena Centro (pdpmc) y Corpocaldas, quienes lograron convocar a todos los actores enfrentados.
Otro aspecto fundamental en la transformación de conflictos es la creatividad para encontrar puntos de encuentro y posibles salidas. En el caso del río Guarinó, el facilitador convocó a los actores en conflicto a discutir un tema distinto al que motivó la polarización de intereses, pero relacionado: la recuperación de la cuenca del río. La búsqueda de alternativas para esa recuperación ha permitido que los actores enfrentados efectúen algunas acciones conjuntas y disminuya la desconfianza mutua. “El camino apenas empieza, pero quizá el encuentro de los actores en una acción de interés común permitirá distender la polarización y, en un futuro, llevará a que se aborden todos los temas relacionados con el aprovechamiento del agua en la región”, continúa Hauschnik.
Otra clave de la transformación de conflictos es contar en el proceso con las personas y entidades que tienen poder de decisión para producir cambios. Y así lo demuestra el caso de la Mesa Petróleo, Región y Paz, que se instaló en Barrancabermeja como un espacio que hiciera posible el diálogo entre Ecopetrol y la Unión Sindical Obrera, uso. Con la facilitación de la diócesis de ese municipio, esta Mesa cuenta, en la actualidad, con la participación de la Alcaldía de Barrancabermeja y la Gobernación de Santander. “De esta manera se ha generado un importante espacio para la participación ciudadana en torno al manejo de las regalías del petróleo, en el que tenemos puesta nuestra esperanza”, afirma el padre Eliécer Soto, facilitador de la Mesa. 
Tanto en el caso del río Guarinó como de la Mesa Petróleo, Región y Paz, la facilitación de terceros ha logrado avances en la transformación de las relaciones entre las partes y abrir nuevos espacios para el diálogo y la participación ciudadana, que pueden ser la base de cambios sustantivos hacia adelante.

2. La transformación de conflictos, un estilo de vida 
Mientras para algunos los métodos de resolución o transformación de conflictos son maneras de intervenir ciertas situaciones, para las comunidades que han adoptado la ideología de la noviolencia esta es su forma de vida. 
Esta corriente ideológica “enfatiza la importancia de construir relaciones correctas y estructuras sociales mediante un respeto radical por los derechos humanos y la vida y aboga por la noviolencia como una forma de vida y de trabajo”, escribe Lederach en su obra El pequeño libro de la transformación de conflictos.
Una característica de quienes han adoptado tal ideología es su cohesión con la comunidad, además del desarrollo de prácticas colectivas cotidianas orientadas a la transformación de los conflictos. “En la medida en que las comunidades se encuentran en espacios de conversación y diálogo colectivo, van desarrollando mecanismos para que sus problemas cotidianos sean abordados de la misma manera”, afirma Jenny Neme, directora de la ong Justapaz.
La transformación de conflictos como estilo de vida implica trabajar en tres dimensiones. “El nivel personal, para que cada uno pueda liberarse de las cargas que el conflicto produce en su vida cotidiana; el nivel comunitario, para gestionar las diferencias, y el nivel social, en el que se establecen las políticas públicas, que deben garantizar los derechos de las víctimas y promover cambios de las condiciones que causan el sufrimiento de las personas”, afirma Pablo Stucky, coordinador de proyectos de Justapaz.
En el ámbito personal, la comunidad representa un papel de soporte y especialmente si se trata de víctimas de agresiones. “Algunas personas han recuperado su dignidad y su autoestima; han logrado perdonar y han dejado su amargura, su resentimiento y su deseo de venganza”, dice Pedro Stucky, pastor de la Iglesia Menonita de Teusaquillo, en Bogotá.
En el nivel comunitario se trata de resolver en conjunto las necesidades de sus integrantes para responder a los problemas de la vida real en las relaciones humanas, que es un aspecto principal de la transformación de conflictos, según señala Lederach.
Y el nivel social se refiere a la gestión y la incidencia política orientadas a avanzar en la garantía de los derechos de las víctimas, la salida política al conflicto armado y el desarrollo humano integral. Para lograr esto es necesario trabajar por “transformar las actitudes y relaciones de la sociedad civil y las autoridades para mejorar la interlocución y lograr la protección de la población afectada por la violencia armada”, dice Marta Inés Romero. 
“Este abordaje de lo personal a lo comunitario y al ámbito social implica procesos de transformación del individuo para fortalecer una cultura de paz. Cultura que permitirá construir una visión conjunta de región y de país y fortalecer el sentido de la construcción colectiva de lo público, desde el principio del bien común y del ejercicio de derechos como fundamento para la paz”, afirma Martha Inés Romero, coordinadora de programa en la ong Catholic Relief Services.
La experiencia en la transformación de conflictos ha demostrado que “no basta con tener habilidades para resolver conflictos, pues la violencia también se expresa en la pobreza y el hambre”, afirma Ricardo Esquivia. Por eso, en Sincelejo, por ejemplo, la comunidad creó las asociaciones para la vida digna y solidaria, Asvidas, en las cuales “las personas se integran en proyectos que les permitan tener seguridad alimentaria y educación y sacar adelante sus proyectos de vida”, dice.
Todas estas son prácticas para la resolución y la transformación de los conflictos que pueden servir para fomentar la convivencia y la formación de una cultura de paz, ya que la experiencia ha demostrado que cuando cambia cualquiera de las partes enfrentadas, el conflicto se va transformando.

miércoles, 7 de octubre de 2015

PROBLEMAS ENTRE VECINOS AFECTAN LA CONVIVENCIA EN CALI

La vida se les dañaba cada ocho días. Cada que llegaba el sábado y el vecino del 503 encendía su equipo a todo volumen. Entonces empezaba un taconeo por las gradas como una cabalgata de niñas en minifalda, oliendo a todos los perfumes, trepando los cinco pisos entre susurros y risas nerviosas.
Fernando, el vecino incómodo, tenía una discoteca en su apartamento. Aunque el inmueble no era suyo, había adaptado un bar y una pista de baile entre la salacomedor y el estudio con luces sicodélicas para armar la rumba que se asomaba por el balcón y estremecía todo el edificio.
Ese es el último de los ocho edificios de un conjunto residencial ubicado en el barrio El Refugio, al sur de Cali, por lo que sus ‘invitados’ semanales -no siempre los mismos-, tenían que atravesar toda la unidad para llegar a la cita. El ‘boleteo’, como dijo una vecina, era evidente.
Las rumbas de Fernando y sus amigas duraban toda la noche, sin pausa, en una edificación donde lo que se hace en un apartamento se escucha en el otro y los decibeles están restringidos. Casi nadie podía dormir. Dora Alicia, la vecina de enfrente, se cansó de reclamarle, de gritarle, de insultarlo y después, de suplicarle que le bajara al volumen. También la señora Mariela del 502, Ana María del 403, don Rogelio el del 402... todos reclamaban desesperados.
La Policía llegaba cada vez a pedirle a Fernando que le bajara al volumen. Muchas veces le cancelaron la fiesta. Los porteros ya no querían subir a llamarle la atención porque varias veces les sacó revólver y los amenazó con lanzarlos al vacío.
Al final todos, cansados, recogieron firmas para pedir a la administración la expulsión del incómodo vecino. Se quejaron ante la Inspección de Policía de Meléndez y le exigieron al arrendador que se solidarizara con la unidad y le pidiera el apartamento a Fernando. Pero nada valía.
Por el contrario, la rumba de los sábados se repetía los domingos y a veces algún día entre semana. Fernando ya amenazaba con pegarle un tiro al vecino furioso que le iba a reclamar. Este lo instaba a que se lo pegara y al hombre, en medio de sus tragos, no le faltaban ganas.
“A esta pelea solo le faltó un muerto”, advierte Dora Alicia. Hubo demanda por tentativa de homicidio y caución contra Fernando por perturbar la tranquilidad pública. Finalmente, el arrendador, ya envuelto en problemas por permitir los desafueros del cliente en su inmueble, no le renovó el contrato.
Por fortuna este conflicto que se estaba volviendo una llaga en el alma de Dora Alicia, Mariela, Ana María, Rogelio y los habitantes de al menos 40 apartamentos del conjunto residencial, no terminó en una tragedia.
Como sí ocurrió con un caso similar en el edificio Santa Cruz de los Molinos, al norte de Bogotá, donde el lunes 2 de septiembre, David Manotas, que vivía en el apartamento 304, asesinó a su vecino del 204 Francisco José Cifuentes Ferreira, quien reiteradamente le reclamaba que le bajara el volumen al equipo de sonido porque no lo dejaba dormir.
Igual que Fernando, Manotas acostumbraba a armar rumbas a todo volumen, en medio de gritos y al parecer de droga, y no dejaba dormir al vecindario. Muchas veces Cifuentes le reclamó. Pero, esta vez, del reclamo pasaron al forcejeo y Manotas le propinó varias puñaladas a su vecino a quien luego arrojó por el balcón. El caso es un escándalo nacional y está en manos de la Fiscalía.

Convivencia, amenazada.

Los problemas de convivencia, la intolerancia entre vecinos son, según Cisalva, una de las mayores causas de violencia en la ciudad (ver columna).
El capitán David Díaz, coordinador del Centro Automático de Despacho de la Policía Metropolitana de Cali, sostiene que, de acuerdo con sus registros, a los caleños les afecta más los problemas de convivencia que la misma inseguridad.
El oficial indicó que este año, entre enero y agosto, el CAD ha recibido cuatro millones de llamadas de ciudadanos. Y aunque el 83 % son inoficiosas, hechas para distraer la atención de los policías reportando casos falsos o haciendo bromas o insultos, el 17 % restante (más de 680.000), muestran qué les molesta a los caleños.
“Los primeros cinco ítems son de afectación ciudadana, no por la ocurrencia de un delito, sino por el comportamiento social”, dice Díaz. En efecto, en este año la Policía ha recibido más de 132.000 llamadas dando cuenta de riñas. Esto abarca alegatos entre vecinos, la mayoría de las veces insultos de palabra y en menor proporción algún tipo de agresión física.
En segundo término, hay más de 81.000 quejas al CAD por la alteración de la tranquilidad, alto volumen de los equipos y mal manejo de residuos por parte de algunos vecinos.
La tercera causa de malestar ciudadano la Policía la clasifica como ‘comprobación de queja’. Esto hace referencia a aquellas denuncias contra alguien que está haciendo algo indebido, como arrojar desechos a sitios no permitidos, consumir sustancias prohibidas o señalar a una persona que está requerida por algún delito. Entonces la Policía tiene que ir a comprobar si es cierta la denuncia. Por esto se han hecho más de 65.000 llamadas este año.
De igual manera, hay más de 60.000 llamadas por alarmas comunitarias. Dado que se han masificado los sistemas de seguridad electrónica en edificios y vecindarios, la gente reporta a la Policía cuando suena una alarma a fin de que se compruebe si se está cometiendo algún delito o contravención.
Y, en quinto término, está la actitud sospechosa de alguna persona que es vista merodeando en algún lugar, lo cual ha sido denunciado por más de 43.000 ciudadanos.
Curiosamente, los disparos con armas de fuego apenas tienen poco más de 12.000 reportes y es el último motivo de llamada al CAD de la Policía. “El comportamiento ciudadano y su relación con el entorno es lo que más afecta a la gente”, concluye el capitán Díaz.

Tras la conciliación

Otra parte adonde llegan los líos entre ciudadanos es la Personería Municipal. La directora de su centro de conciliación, Ana Cecilia Collazos, indicó que recibe cada mes unos 120 casos de orden civil, de familia y de tránsito, de los cuales 70 son conciliados satisfactoriamente.
“La gente no sabe que existe este servicio donde pueden resolver fácilmente sus diferencias y nos ha tocado ir a las comunas a promocionarlo”, dice Collazos.
Los jueces de paz son otra jurisdicción que se dedica a la solución de los conflictos de la gente. Nevardo Carmona, juez de Paz de la Comuna 13, dice que el año pasado los 170 jueces que conforman esta instancia de justicia gratuita atendieron 70.000 casos, de los cuales 58.000 correspondían a problemas de deudas y no pago de arrendamientos.
Es curioso, pero mucha gente vive meses y meses en un inmueble y no paga el canon de arrendamiento. Pero lo más sorprendente es que se va sin pagar la deuda y luego repite la misma historia en otra parte, como un carrusel de defraudación, advierte Carmona.
Detrás de todo esto, lo que hay es un grave problema de intolerancia e irresponsabilidad que “se ha arraigado tanto que la gente quiere hacer justicia por su propia mano”, como advierte Miguel Sánchez, juez de Paz de la Comuna 4 desde hace 11 años.
Y otra de las razones que no ayuda a la convivencia ciudadana, como él mismo afirma, es que hay tanta tramitología y demora en la justicia ordinaria que muchos prefieren dirimir los conflictos por su cuenta. O dejar así.

Arrendamientos, un lío mayor

Félix Ampudia, llevaba siete meses sin pagar el canon de arrendamiento. Al propietario del inmueble le decía que estaba mal, que no tenía trabajo y tenía que conseguir el sustento de sus cinco hijos. Al principio, el dueño entendió, pero después le exigió que le pagara o le desocupara. Ampudia vivía en una casa del barrio El Poblado.
Un viernes, el afectado acudió al juez de Paz Nevardo Carmona (de la Comuna 13) en busca de un acuerdo. Ampudia explicó que estaba en mala situación. El dueño le dijo que al final no le interesaba que le pagara ni un peso de la deuda, “lo que necesito es que me desocupe mañana”, le advirtió. Pero Ampudia no le desocupó. El lunes siguiente, el dueño se fue con machete a agredirlo, se armó todo un lío en el sector y el arrendatario tuvo que sacar sus cosas ‘a millón’, “salir braveado para la calle porque no tenía a dónde ir”, relata Carmona.
El juez de paz dice que estas “son deudas irrecuperables porque la gente no tiene plata y para recuperarla el afectado tendría que iniciar un proceso por justicia ordinaria y pagar un abogado que le cobra uno o dos millones de pesos para restituir el bien inmueble”.
Otro de los muchos casos de líos por arrendamientos fue conocido por la Personería. Desde 1995 la señora Graciela Manzano, copropietaria de un apartamento en Los Alcázares explotó económicamente el inmueble y no le rindió cuentas a sus socios Darío Mejía y Elvira Velasco, también propietarios; no pagó al banco las cuotas de la hipoteca, ni el impuesto predial, ni la contribución de valorización por las megaobras.
La deuda con sus socios sumaba $29 millones. Estos acudieron a la Personería en busca de una conciliación, donde Graciela ofreció pagar $11 millones. Uno de los socios aceptó y el otro no. La sociedad y la convivencia se dañaron.

Contra el ruido

El ruido es uno de los aspectos que más problemas de convivencia generan en la ciudad. No solo el de las viviendas, sino también el que producen establecimientos públicos.
Mónica Duque, jefe del grupo de impactos comunitarios del Dagma indicó que este año se han realizado 430 operativos contra ruido en establecimientos públicos, que han dado como resultado 49 medidas preventivas, consistentes en la suspensión del uso de equipos de amplificación, se han hecho 15 decomisos y 7 cierres temporales.
En estos líos de convivencia, que el Dagma denomina ‘impactos comunitarios’, se han recibido 1752 quejas, el 14 % de las que llegan a la entidad.

Malos vecinos

La vida se volvió insoportable en un exclusivo edificio del Oeste de Cali por cuenta de dos vecinos que hacían de las suyas. Según relatan algunos, cuando se les fundía un bombillo en sus apartamentos se robaban los focos de las zonas comunes y las dejaban sin luz. Tomaban agua de la copropiedad con instalaciones fraudulentas. A un vecino le pirateaban la señal de televisión, derivando cables desde la azotea hacia su apartamento.
Tampoco tenían problema en invadir parqueaderos privados de otros propietarios para acomodar sus carros o el de las visitas. Y llegaban al colmo de dejar las bolsas de la basura en el ascensor.
Para completar, uno de ellos debía $18 millones de administración y terminó ofreciendo solo $4 millones para saldar la deuda. Finalmente, solo con cobros jurídicos y sanciones de las empresas de servicios, los vecinos se aconductaron.

Matoneo escolar

Esta semana, el presidente de la República, Juan Manuel Santos, y la ministra de Educación, María Fernanda Campo, reglamentaron la ley de convivencia escolar.
La norma marca una ruta para incorporar acciones en temas como la prevención, la atención y el seguimiento de la convivencia en el ámbito estudiantil
y para combatir el matoneo escolar.
Por otra parte, un estudio de Cisalva y las universidades del Valle y Javeriana en 26 sedes educativas del centro y oriente de Cali (comunas 8, 9 y 12) encontró que el 3,8 % de los niños de tercero de primaria se sentían frecuentemente intimidados por sus compañeros de clase. El 30 % de los menores manifestaron que alguna vez fueron acosados por sus pares escolares.
Trece de estas escuelas fueron intervenidas con talleres para los docentes y actividades lúdicas para los estudiantes, con el objetivo de reducir el matoneo escolar o ‘bullying’.
Al finalizar las actividades, solo un 0,48 % de los niños dijeron ser víctimas frecuentes del ‘matoneo’ escolar (3,33 puntos porcentuales bajó con respecto a la medición inicial) y el 20 % señalaron que eran intimidados en algunas ocasiones, un 10 % menos que al comienzo del proyecto.




 

INSULTOS Y AGRESIONES SE TOMAN CONJUNTOS CERRADOS

En lugar de dialogar, los vecinos prefieren amenazarse, irse a los gritos o a los golpes para resolver sus problemas de convivencia.
Según el Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana (CEACSC), el año pasado se presentaron 1.428 contravenciones en grandes conjuntos de edificios y el 37 por ciento (532 casos) de ellos fueron amenazas, insultos o agresiones físicas.
Lo preocupante no es que esa sea la vía más usada para dirimir conflictos, sino que, con respecto a las registradas durante el 2013, hubo un incremento del 41 por ciento de los casos.
El informe señala que el ruido excesivo representó el 33 por ciento de las denuncias, con 464 casos, para un incremento del 86 por ciento. El escenario perfecto para comenzar una riña.
Les siguen las basuras con 303 casos (21 por ciento), el mal uso de las zonas comunes (5 por ciento) y los ruidos y malos olores de mascotas (4 por ciento).
Los casos se concentraron en las localidades más pobladas: Kennedy, Engativá y Suba, mientras que en la Candelaria y Chapinero donde la construcción de propiedad horizontal está más consolidada fue donde hubo menos reportes.
En una ciudad de ocho millones de habitantes parece poco. Rubén Darío Ramírez, director del CEACSC, reconoció que son solo denuncias a la Policía y que “el subregistro es alto, pues la gente solo denuncia si está desesperada o las agresiones son reiterativas”.
“Es poco probable que alguien que llama a la línea 123 para quejarse de su vecino vaya al día siguiente a la Policía, pues el trámite es engorroso”, dijo.
¿Qué pasa con la tolerancia? Para Ramírez, “muchos de los que se trastean a conjuntos multifamiliares ocupaban viviendas unipersonales. No están acostumbradas a vivir en comunidad”, dijo el funcionario.

Convivencia y paz

El experto en cultura ciudadana de Corpovisionarios, Henry Murraín, dice que este es un tema clave, pues “cada vez más, la gente vive en conjuntos y edificios y ahí la convivencia será más tensa. Esto dice que la paz en Colombia no es algo que llegue con los diálogos en la Habana sino que es más complejo”.
Murraín hace un diagnóstico preocupante: Según él, la mayoría de la violencia en el país es urbana y el 40 por ciento se da entre familiares y conocidos. “La violencia no es solo de grupos al margen de la ley, sino una manera de ‘resolver’ problemas en sociedad: se educa a golpes”.
No obstante, advirtió que no es un problema solo de estratos bajos. “Es transversal a toda la sociedad”. Basta con recordar lo que sucedió con David Manotas, en estrato 5, donde terminó matando a un vecino que se quejó por el ruido.
No obstante, Hugo Acero, analista en temas de seguridad advirtió sobre la ausencia de pedagogía en proyectos de vivienda para personas vulnerables de la Nación y el Distrito.
“Llevar a un mismo sitio a víctimas del conflicto exige cuidado. No se trata de no llevarlos a vivir juntos, sino de preparar a las familias para vivir en convivencia, en comunidad y en propiedad horizontal”, explicó.


 

domingo, 4 de octubre de 2015

PENSAMIENTOS SOBRE CONVIVENCIA CIUDADANA

 "Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo  arte de vivir como hermanos."

"La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve."

  Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense.

“No cerremos los ojos a nuestras diferencias,
prestemos atención a nuestros intereses comunes y a
los medios con los que conseguiremos resolver dichas diferencias.
Y si no podemos acabar ahora con nuestras diferencias,
Al menos ayudar a que el mundo sea un
lugar más seguro, partiendo de la diversidad”.

John F. Kennedy - 12 de junio de 1963 

"Más importante que vivir, es convivir.
Saber convivir en cada metro cuadrado que pisas, con todos los que te rodean, 
es la clave del exito."

J.J. Sosa



 

POLITICA NACIONAL DE SEGURIDAD Y CONVIVENCIA CIUDADANA

La Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana –PNSCC, es el resultado de un proceso interinstitucional liderado por la Presidencia de la República, con la participación del Ministerio de Defensa Nacional, el Ministerio del Interior y de Justicia, la Policía Nacional y el Departamento Nacional de Planeación, y el concurso de otras entidades del orden nacional y del nivel territorial.

El proceso de formulación de La Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana -PNSCC implicó cuatro momentos principales:
  • La elaboración del marco conceptual y el diagnóstico de las políticas de seguridad ciudadana en grandes capi¬tales de Colombia
  • La definición del mapa institucional con las entidades responsables y los espacios de coordinación interinstitucional.
  • El diseño y la realización de entrevistas y mesas de trabajo con autoridades locales y expertos.
  • La retroalimentación del proceso de formulación de la política mediante la consulta y participación de actores públicos y privados.
Como resultado de este proceso, la Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana se estructura a partir de los siguientes componentes:
  • Desafíos
  • Objetivos, principios rectores y criterios de intervención
  • Ejes estratégicos centrales y sus respectivas líneas de acción
  • Ejes transversales de la política.
  • Estrategia de implementación, que estará acompañada de un esquema de asociación para su gestión y ejecución territorial entre entidades de los niveles nacional, departamental y municipal, organizaciones sin ánimo de lucro y empresas privadas.
Existen diferentes conceptos y definiciones tanto de seguridad ciudadana como de convivencia. Unas amplias, que parten del concepto de seguridad humana, y otras con un alcance más limitado. Para efectos de La Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana -PNSCC, se asumió una definición de alcance restringido, sin desconocer los valiosos aportes del material producido sobre el tema, con el propósito de con¬cretar la acción de las entidades del Estado y de la sociedad en el mejoramiento de la seguridad y la convivencia ciudadana.

En ese sentido, para efectos de la política, se entiende por seguridad ciudadana:
“La protección universal a los ciudadanos frente a aquellos delitos y contravenciones que afecten su dignidad, su seguridad personal y la de sus bienes, y frente al temor a la inseguridad. La convivencia, por su parte, comprende la promoción del apego y la adhesión de los ciudadanos a una cultura ciudadana basada en el respeto a la ley, a los demás y a unas normas básicas de comportamiento y de convivencia social”

Por primera vez los asuntos de seguridad y convivencia ciudadana no son algo adicional a las políticas de seguridad nacional. El Señor Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón determinó que el país requería una política especializada para la seguridad ciudadana y que debía ser única en la materia, confiando la responsabilidad de definir y articular la ejecución de la Política Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana a la Alta Consejería Presidencial con el concurso decidido de las entidades del orden nacional y territorial.


jueves, 1 de octubre de 2015

EL ARBITRAJE EN COLOMBIA ES DE TALLA MUNDIAL

Según el vicepresidente del Centro de Arbitraje y Conciliación de la CCB, Rafael Guillermo Bernal, tanto la infraestructura como los árbitros del país son de primera línea. Estos se reunirán entre el jueves y el viernes en Medellín para evaluar su trabajo y despejar las ideas erróneas que los rodean.

Mientras que un juez civil normalmente tarda hasta 12 años en producir un fallo, cuando un conflicto se dirime a través de un proceso de arbitraje en uno de los 340 centros de arbitraje que hay en el país, el tiempo se reduce a seis meses o máximo un año.
Entre el jueves y el viernes se realizará en Medellín el primer Congreso Internacional de Métodos Alternativos de Solución de Conflictos (MASC) en el que se se reunirán especialistas y compartirán las mejores prácticas en este campo. En vísperas del evento, el vicepresidente del Centro de Arbitraje y Conciliación de la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB), y líder de la Comisión Interamericana de Arbitraje Comercial, Rafael Guillermo Bernal, habló con Portafolio sobre el tema.
 Rafael Guillermo Bernal, vicepresidente del Centro de Arbitraje y Conciliación de la CCB.
Foto: Abel Cárdenas/ Portafolio

¿Por qué hoy todas las entidades quieren hacer arbitraje?
Evidentemente, la oferta sigue creciendo. En el país hay unos 340 centros de arbitraje y conciliación, autorizados por el Gobierno, y de tiempo atrás se viene ampliando el número de actores. En eso trabajan, por ejemplo, la Superintendencia de Sociedades, la Superindustria y Superfinanciera, siendo la más avanzada la primera. En Bogotá hay 30 centros de arbitraje, incluido el nuestro, que está repartido en varias sedes.

La Supersociedades ahora ofrece arbitraje exprés, más barato ¿Eso afecta a los demás centros?
Eso está bien. Bienvenida una mejor oferta: el medio societario va a tener mejores opciones. Yo no veo esto como competencia, en vez de eso, se suma a la oferta de temas especializados y además es importante que cada uno en su sector haga las cosas de la mejor manera y no mirando cuál otro aparece; sería un poco miope.

¿Qué otros tribunales hay que crear?
Yo espero que por ejemplo crezca más el esfuerzo que está haciendo la Superfinanciera, también en el ejercicio de su función jurisdiccional. El tema financiero y asegurador, así como el del mercado público de valores son muy particulares y en cierta forma sofisticados.
¿Ayudan los arbitramentos a descongestionar los juzgados civiles?
En materia arbitral hemos crecido sobre todo alrededor de Bogotá, pero ya hay también buenos centros en las cámaras de comercio de Medellín y Cali, y vienen empujando Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena, lo cual permite una descentralización importante, porque no creo que sea la mejor alternativa traer todos los tribunales arbitrales a Bogotá.
Si uno ve, la carga de un juez civil es muy grande: más del 60 a 65% de su tiempo de trabajo se va en procesos ejecutivos, y el 10% en lanzamientos. Y temas de fondo les quedan muy pocos, tal vez 5 a 10%, porque todos los que son de algún nivel de especialización se han ido al arbitraje, a la amigable composición o sencillamente se concilian.

¿Qué casos maneja la CCB?
No son muchos los netamente societarios. Manejamos más temas de contratos comerciales, contratos con el Estado y otros.

¿Cuántos pleitos dirimen los tribunales de arbitramento en el país?
En la CCB manejamos como el 75% del total y el año pasado hicimos como 302 pagosm, y 160 o más gratuitos para pequeñas y medianas empresas.

¿Cómo elegir entre uno y otro tipo de centro de arbitramento?
Si lo que se quiere es simplemente agotar un requisito legal, porque para demandar hay que agotar la conciliación, puede ir a cualquiera, pero si la idea es arreglar su problema tiene que ir a uno bueno, y esos no somos muchos.
Nosotros en particular nos hemos dedicado a un régimen muy estricto de formación de operadores conciliadores que le garantizan a la gente con su calidad que si quieren arreglar, lo van a lograr. Mi índice de arreglos es del 86%, mejor que eso no hay.

¿Y los centros de las otras cámaras?
Ellos van creciendo. No tienen ese estándar pero si los comparo con los que hay por ahí, de 15, 30%, la distancia es muy grande.

¿Pero dicen que los arbitrajes son demasiado costosos?
Eso es muy relativo. Si tienes un problema y tu horizonte en el juzgado son tres, cinco o siete años esperando a ver si hay alguna solución, o si el pleito es con el Estado a veces son 7 o 15 años esperando la solución, y eso resulta costando una fortuna.
En promedio, un arbitraje demora un año o menos, y si es muy sofisticado pueden ser año y medio. Las diferencias son monstruosas en términos de costos.

¿En qué punto está el arbitraje en Colombia, si se le compara con el mundo?
Colombia es líder en América Latina, no solo por la calidad de los árbitros, que es reconocida, sino por la infraestructura, que está al nivel de las mejores del mundo. Hoy día Bogotá, Cali y Medellín tienen infraestructuras comparables a estar en Londres, Nueva York o París.

LOS MITOS QUE SE DISCUTIRÁN 

En el Congreso Internacional de MASC tratarán sobre las ideas equivocadas que hay acerca de estos mecanismos.
Por ejemplo, las relacionadas con los costos de los procesos o los recursos de anulación de los laudos. Otro es lo que se denomina recursos de anulación de las decisiones que allí se toman. Según datos de la CCB, de 10 laudos proferidos, solo uno es interpuesto con recurso, y de este solo prospera el 25%.